Uncategorized

Carta al padre

Nuevo inicio – el color del atardecer

Gracias, hijo

gracias

fueron las últimas palabras que escuché de ti

ahora que te miro acostado

no sé si volveré a escuchar alguna más

o solo te recordaré

ovillado

con los brazos en la nuca

dormir plácidamente

con quejidos breves

sonoros

como ronquidos

y los ojos

vítreos

que se abren de a pocos

por ratos

en breves instantes

Pepito y te enfurruñas

y aúllas

quejidos

nos miras con tus ojos amarillos

¿nos estás reconociendo, papá?

mira soy yo, soy tu hijo

el que sacabas a pasear a comprar zapatos en el centro de Lima

mira aquí estoy

y te amo a cada instante de tu despedida

de cuatro años que me parece que no

fueron suficiente

aún no estoy listo

papá

ahora mismo no

y sé que nunca lo estaré

rezamos juntos los cinco a tu lado

como antes

en navidad

en año nuevo

en tu cumpleaños

en toda la vida vivida contigo

¿cómo rehacer todo ese camino una vez que no estés?

¿Cómo convertirme en lo que quieres que sea si no estás conmigo?

Tus ojos me miran y me dicen

sin palabras

me miran

solo

frunces el ceño

berreas y te intentas quitar el camisón de hospital

te podré una película de vaqueros

o al Walker Texas Ranger

o los Magníficos

o a quien quiera que quieras ver

te pondré a ver las películas del gordo y el flaco

y me dormiré a tu costado

con mi mano pequeña en tu mano gigante

obedece a tu mamá me decías

y me dabas esas palmadas en las manos mías tan pequeñas

eras grande

grande enorme

y ahora

tan pequeño que te he podido levantar

y llevar a tu cama

gracias, hijo

fue lo último que me dijiste alguna vez cuando me me miraste y me reconociste y yo me levanté temprano para ser sábado luego de pasar toda la noche esperando que duermas tranquilo pero te levantabas cada hora para arrojar sangre y mamá y yo lo limpiábamos

gracias, hijo

me tengo que ir ya, mamá

tenía una clase a las 7 de la mañana

gracias,

gracias

hijito

ya nos vemos, viejin

me miraste

por útlima vez

abriste los ojos

y yo apreté tu mano

mientras tus ojos se cerraban

y tu piel

se tornó

del color

del atardecer