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Un lunes cualquiera

El día insulso que te conociera,
en sombría tarde de otoño entrante,
cobró sentido el mundo en adelante,
burlar tragedia indigna Dios pluguiera.

Me vence la miseria de postrera
hora, el aroma tan suave y agobiante
de brazos tuyos que hoy extraño, anhelante
del placer de un lunes de amor cualquiera.

¿Por qué entonces sigo vivo ahora?
Si el lóbrego abismo, tu ulterior sueño
inexorablemente me devora.

Saborear tu alma, herir tu desdeño,
abrazarte un lunes a primera hora,
inútil destino, pírrico empeño.

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