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Prometheus

Por favor, les digo, vengo de la
residencia.
Les señalo, la antigua, señorial
al final del horizonte,
Olalla.

En esa casa no, me dicen.
Nadie vive,
no habitan mujer u hombre,
Satán, me dicen.
Satán.

Ignorantes,
supersticiosos.
He vivido allí contigo,
Olalla.

Mis brazos muestro,
inequívocas señales que dejaron
de Olalla.
Se persignan,
me lanzan nombres,
como si la noche caído hubiera
a sus ateridas caras.

Sonrío,
no me entienden.
Discípulos
necios del tiempo,
sigan mi estrella.
He pasado mucho,
mucho en la residencia.
¿De mí, no se acuerdan?
Tantas noches
al lado de Olalla,
para ustedes pasadas.

Beban mi sangre,
limpien sus ojos
con ella,
cual nunca han nacido
de Olalla.

¡Atrás, endriago!
A nosotros no engañas
con palabras horribles,
sin sentimientos
que hipnotizan,
sin forma.
Palabras viejas,
taimadas,
añejas,
rimadas.
¡Incomprensibles!
¡No eres nosotros,
no eres uno de nosotros!

Después de un día,
mis mayores
esperanzas
caen,
con mi sangre,
lágrimamente
al suelo baldío

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