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Un pequeño fuego en medio del incendio

Hoy ha muerto el tío Pancho, dormido, en su cama

en medio de la noche.

Y su muerte no contará

porque esta misma noche

han muerto otros 752 por la epidemia

y nadie puede salir de sus casas.

Ni yo podré ir a su velorio ni entierro.

Y le darán «cristiana sepultura»

Sin cristiana ni sepultura.

Lo cremarán y nos darán una cajita

Y nos dirán que cerremos la reja.

¿Qué se habrá querido señor ministro de Educación?

 

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Muerte de Melina y otros desvaríos

Es raro encontrarse a la muerte cara a cara a la vuelta

de la calle,

caminar, comer, escapar de las combis,

y enterarse de la muerte.

¿Es verdad?

No es verdad

¿Cómo puede serlo?

¿Cuál es la luz, mi querida Blanca, que no la encuentro?

Sentirse nervioso, doblar las paredes

Acaso estás llorando mientras abrazas a la gente

Yo solo recibo en efectivo, no, no, no

Y te pagaba en un sobre, billete sobre billete

Hasta que construiste tu casa, ladrillo a ladrillo,

donde te velaban

esa tarde calurosa.

Armaron un toldo, rodearon de sillas, nos dieron almuerzo.

No es ella, no es ella.

Su sonrisa está aquí, su frente está allá, más allá su pelo.

Todo apunta a que sí es.

Se fue tan joven, tan joven, dice la madre.

Es

como

una noche

extraña.

No me cuadra, la muerte, la muerte.

Esa vieja compañera nos visita

Nos sorbe, nos lame

Nos deja a tientas sobre la vida

Nos ausculta y nos deja huérfanos

Tú, vieja amiga, vieja enemiga.

Tú, amable muerte,

mírame a los ojos otra vez.

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Las noches

Las noches caen y la calma llega incluso aunque no la busques. Sigues sentado, mirando tus manos, tranquilo. Piensas que todo ha acabado. Eso crees.
Es solo un inicio, un nuevo inicio.
Como tantos otros que has tenido,
recoges tus piernas,
te echas al hombro el alma
desvalida
la valija
de sueños
los callas
y los llevas
más allá, allá
donde te leen y más allá
a consolarte por las noches
con regalos y sueños.

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Días anónimos

Y qué podemos hacer
cuando la puerta, la ventana y la rendija
se cierran de
repente
con
tus manos
juntas

Debería usted hacer algo
que cómo vamos a dejar que ocurra
cómo nos van a devolver
los mendrugos
como piedras
y
de dónde vamos a
sacar la miel
para alimentar
a
nuestros
hijos

Hoy he conocido
el dolor que se esconde
detrás del tiempo

He reabierto
heridas insolentes

He vomitado
un poco antiguas querellas
que me llevan
a extrañar
un día
sin tiempo
un tiempo
sin día
ni sol

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Las noches claras

Te separan de mí
inconsciente-mente
como si fueras a morir
te acuerdas de esos instantes
cuando ya no estábamos juntos
pero seguíamos viéndonos
a escondidas de nosotros mismos
para no romper las reglas
decíamos

Y pasábamos las noches claras
hasta ver salir el sol
cuánto más dura la noche
cuánto más no llega el día
el día
¿por qué tiene que llegar el día?
Nos decíamos acostados
sollozando
rugiendo
las lágrimas prestadas
de nuestra adolescencia.

No podemos seguir
engañando
al tiempo
remando al olvido
muriendo.

Hoy conocí el crimen
y me lamió la cara con su vientre de fuego.
Y conocí el rencor
y el dolor
y la generosidad de la pérdida.
¿Por qué no morir, ya que estamos en esas?
¿Por qué no esperar tranquilamente
y ver podrirse la carne?
Solo la llama
se siente
salir
de entre los dedos
cerrados
gritan
infelizmente

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Lado B

Cállate
Siéntate bonito
Toma trescientos sesenta y cinco días
Escucha mis latidos
Los pies en puño
Calados
Rechina
Solo rechina la garganta
Regurgita
Respira
Regurgita
Respira
Acepta nomás
Respira
Regurgita
Siéntate bonito
Cállate
Aprieta los latidos
Hoy será
hoy
quizá mañana
o pasado
Pasado mañana
Posiblemente
cuando amaine la suerte