demi journey

El arte de desarmar rompecabezas

 
Me pasé la navidad como siempre, familia, risas, pavo, champán, vino, panetón, biblia, nacimiento, regalos, sueño. Así pasan siempre las navidades desde que dejamos de ser niños y a emocionarnos por papa noel, porque nos la creíamos, por los regalos y los reyes magos y el panetón con chocolate caliente para el friecito estival…
 
Pero sí, las navidades no son las mismas sin niños y juguetes, quizá por eso a veces queremos volver a ser niños y actuamos tan infantilmente en navidad. Pero bueno, este año cenamos antes de las doce, porque teníamos hambre y todos coincidimos en la mesa sin saber que hacer. Dijimos ‘armemos uno de los rompecabezas’ porque a mi hermana le regalaban uno y ella ya lo sabía, así que abrimos uno con dos fearies, de esos de educa de mil piezas y empezamos pensando que acabaríamos antes de medianoche.
 
Pero a medida que sacábamos más y más piezas sueltas nos dimos cuenta de lo ridículas de nuestras aspiraciones, mil piezas son por mucho más de lo que pensábamos. Yo mismo, que me consideraba un experto en rompecabezas nada más porque de chiquito me la pasaba armando y desarmando un rompecabezas del hombre araña con fichas de tamaño de mi mano, no más de treinta, pero en fin, nos dio las doce y yo no había logrado juntar más de una docena de fichas. A celebrar, y luego continuamos, como un vicio, porque nos llamaba, seguimos armando el rompecabezas mientras las horas pasaban y nos acostamos como a las tres sin que la imagen diera visos de aparecer en el baúl sobre el que nos habíamos apoyado para armarla.
 
Y seguimos y seguimos, hasta hoy día, ya nos faltan pocas piezas para terminarlo, ya falta poco. Y la imagen sigue ahí, en el baúl renovado de mi sala, esperando a que algún transeúnte distraído le ponga una pieza más y otra más y así hasta terminar.
 
Una de las cosas que noté mientras armaba el rompecabezas es que es casi por completo el azar lo que domina que las primeras piezas se junten. Uno no sabe porqué pero junta de pronto una pieza solitaria y encaja a la perfección (solo dos piezas verdaderas pueden encajar entre sí) con otra pieza solitaria. Y así, ya tenemos dos piezas solitarias juntas que buscan una tercera que uno no sabe si es la que tiene en la mano o está muy perdida y muy lejos. Unas veces parece que dos piezas encajan, parece que están hechas para estar juntas, pero en algún momento te das cuenta que te has equivocado, que esa pieza está mejor en algún otro lugar, la cambias y ves que tenía un lugar reservado, muy lejos… y habías cometido un error.
 
Pocas piezas siguen solas porque no encuentran un lugar y quién sabe cuando lo hallarán.
 
Por suerte ya falta poco para acabar este rompecabezas.
 
Y ya acaba el año, vaya año, siempre pienso que uno debe recordar sólo lo mejor que ha pasado durante cada año y quemar en el olvido todo lo demás junto con el año pasado… mucho que quemar uh? Pero al menos es una buena oportunidad para nuevos comienzos.
 

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