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aout

 
Me sorprendí deseando a las doce de la noche que no fuera agosto.
 
Más que nada porque recordé que faltaban 2 días para el 3 de agosto.
 
Ese día, el día que te comencé a perder, pensé, hace ya cuatro años. Cuatro largos años y aún celebro esa fecha, una copa en la mano, un cigarrillo en la otra, las piernas cruzadas y la mirada perdida en algún lugar de la vieja ciudad que aun lleva nuestras siluetas impresas.
 
Me puse a recordar por el gusto de hacerlo, pero entre las paredes de mi cuarto no podía recordar tu rostro, tu manera de caminar, tu pelo al viento ni tus ojeras, tu sonrisa que no es sonrisa, tus pestañas, nada, no lograba recordar aquella mágica combinación que pudiera llamar por tu nombre.
 
Salí a caminar en invierno. Y seguí el camino que caminábamos juntos. Todo empezó por quise saber de ti nuevamente, decidí escribirte un mensaje a tu antiguo correo. Me rebotó. Así que ese día ya que estaba recogiendo nuestros pasos juntos, decidí llegar hasta tu casa.
 
Toqué despacio primero, luego más fuerte. Salió una anciana, le pregunté por ti. Me dijio mira a tu alrededor, muchacho, ves las casas cayéndose a pedazos?, todos se van, sólo los ancianos llegan. Aquella que buscas probablemente ya se fue también. No me dijo nada más, me miró y cerró la puerta lentamente.
 
Así que había vuelto a buscarte y empezaba de cero nuevamente. Deseé que todo fuera como en las películas, deseé que los cafés en las calles tuvieran vitrinas hacia calles hermosas y transitadas y que por todas ellas pasaras tú hermosa caminando relajada y sin mirarme a mí que me doy cuenta que pasas a mi lado.
 
Pero eso no iba a pasar.
 
Porque ya era casi 2 de agosto y caminaba solo a casa, porque nunca quise sacar el carro, porque pensaba que eso me ponía en una burbuja de vidrio de nuevo, aquella burbuja que fue el inicio de nuestro fin. Hace tres años, no, cuatro, que no te veía y seguía acordándome de ese baile y el día en que rompimos.
 
El tres es mi santo, lo sabes? Y nunca he tenido un novio que me dure más allá de ese día. Yo lo intenté, te lo juro, intenté sentir lo mismo, pero no era así, no había nadie más, te lo juro, esa fue tan sólo una excusa para no decirte que ya no quería estar más contigo luego de tu cumpleaños.
 
Pero te seguía queriendo igual.
 
Pero no podíamos seguir juntos.
 
Y todo me lleva a aquí, esperando que pases cerca del mostrador de este cafecito en un zótano, que no tiene vitrina a la calle, ni la calle es muy transitada, pero que es lo suficientemente oscuro y cálido como para sentirme bien en recordarte aquí, en esta mi pequeña cueva.
 
Y te encontré.

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