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>Mi café y las putas polillas!

>Estaba en mi sala, tomándome poco a poco el mejor café que he tomado en mi vida cuando del cielo (o de la araña en el cielo raso) cayó poco a poco -y más bien tirándose un clavado en cámara lenta hacia mi taza- una polilla.

Una puta polilla.

Y para colmo, aun me quedaban dos tercios de mi taza de café. Y la puta polilla cayó de espaldas, justo en medio de la taza y de espaldas. Un clavado de espaldas en medio de la taza y yo no lo pude evitar. Antes de que cayera intenté darle con el borrador de mi portaminas, porque caía en cámara lenta y en círculos concéntricos cada vez más pequeños, y yo la ahuyentaba con el extremo de mi borrador. Hasta que cayó. Y cayó de espaldas, y empezó a aletear la maldita en mi mejor café que nunca más probaré, empezó a aletear y a perder esos trocitos multicolores de que están hechas sus alas. Malditas polillas, para qué sirven, ni siquiera son bonitas como las mariposas, ni siquiera. Es más, sus hijas se comen la ropa, los libros y ésta, se tomó mi café.

Ah y si no me creen que era el café más rico que había probado en mi puta vida, digo, en mi vida, pues ahí va como llegó a mí el café.

Mi bisabuela tenía tierras en Monsón, un lugar así todo selvático que ahora en vez de café debe producir plantas con adicciones menos decentemente vistas. En fin, mis bisabuelos eran dueños de un montón de tierras por ahí en los años 20 o 30 o sea, antes de que los terrucos decidieran plantarse allí. La cosa es que la familia, a pesar de que se desperdigó por todo el Perú a medida que pasaban los años, mantuvo también alguna que otra comunicación con amigos que vivían ahí. Hace unos meses, o quizá el año pasado, mi tía Elvira, de esas tías que uno está seguro que le dice tía para no desentrincar la maraña de años de parentesco que nos une, y que seguramente terminará con el absurdo de tener que decirle sobrina a una señora que ya va llegando a los sesenta; como decía, mi tía Elvira, un día que vino, le regaló a mi mamá una bolsa con café de Monsón, era grano, un regalo, de las tierras de hace tiempo, de las que dan. Mi mamá le agradeció, cogió la bolsa negra y la guardó en el fondo de una repisa alta de la alacena de la cocina.

Hoy día, en la tarde, a eso de las cinco y media, me doy cuenta de lo oscurecido que estaba el día, ahí, sentado en un sofá de mi sala y leyendo un libro de Garcilaso que ya vi que no voy a acabar para mañana. Y me digo, aquí falta algo. Necesito un café. Mi mamá pasaba hacia su cuarto y le digo, tenemos café? Me dice sí, claro, tenemos algo de café molido. Ya chévere, me haré una taza o algo. Me voy a la cocina, mi mamá me sigue.

Busco la cafetera y me pongo a preparar. La taza en la maquinota, el fino polvo en la cesta, a ver que pase. En eso mi mamá se acuerda de la bolsita negra esa. La busca en la alacena, la saca y me enseña los granos que yo en la vida había visto. Y me pregunta, sabes tostar café? Yo la miro con una cara de me estás hablando de recetas mágicas a mí? Siempre me ha parecido que todo lo que tenga que ver con recetas de cocina tiene algo así de juegos de alquimia que lo hace parecer misterioso. Frente a mí, coge la olla en que hacemos canchita, y pone un puñado de ese grano de café ahí. Lo tuesta poco a poco, hasta que empiezan a crepitar un poco los granos, y a volverse cada vez más oscuros.

Yo la veía, mover los granos con el cucharón y cuidarlo y vigilar el fuego. Llegado un momento le puso dos pedazos de cáscara de naranja encima y siguió moviendo. Mientras tanto, mi café terminaba de pasarse y me servía una taza de un café marrón oscuro que me fui a tomar a la sala, dejando que mi mamá siguiera con su receta mágica. Cogí mi libro y demoré en saborear la taza de café que no me supo tan mal. Cuando volví a la cocina a dejar mi taza vacía, la encontré con una segunda carga de granos oscuros en la olla. La primera carga ya la había vaciado y ahora la empezó a licuar, sí, en la licuadora. Cuando salió, no salió muy fino, como aquel polvillo que yo usé para mi café.

Me dijo ahora pon estos en la cafetera.

Empecé a pasar el café con esos granos licuados y lo vi gotear poco a poco. Me serví una taza.

Este tiene que ser el café más rico que he tomado en mi vida!

Era marrón, pero con un toque rojizo, no mucho, pero sí lo suficiente para darle vida. Era amargo, a pesar del mucho azúcar que le puse, porque no me gusta el café solo. Ese aroma incluso el aroma era distinto, me empezaba a resultar imposible llamar café a todas aquellas esencias que había bebido antes.

Dejé de quemarme la lengua con este café, porque estaba demasiado caliente y yo nunca puedo tomar nada que queme. Lo llevé con cuidado a la sala para que repose un rato, lo puse en la mesita del centro y me tumbé al sillón a leer.

Leí unas líneas y tomé un sorbo. Delicioso.

Leí otras más y otro sorbo, ya casi está tibio.

Leí un poco más y lo miro, una polilla se está desprendiendo del techo.

Y me malogró el café.

Ojalá haya sufrido al ahogarse.

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>Y veo vacas moradas

>Veo una novela coreana a la una y media de la mañana todos los días en que no tengo que despertar temprano al día siguiente. Ella es hermosa y lo quiere pero está enferma. Él es un idiota pero la quiere y no sabe. Ella llora. El otro se va. La tercera arista del triángulo la abraza y le dice que estará con ella siempre y que no llore. Recoge el gorro que cayó de su cabeza mientras se escucha en el fondo esa patética canción y ella llora y ella grita que vuelva. La tercera arista del triángulo, que me cae mejor que el primero, se queda mirándola llorar.

No puedo identificarme con una novela llorona en este instante, por eso viene parte del placer de verla, porque me da ganas de reírme de la desventura de unos coreanos de marfil que actúan mejor que los mejicanos y venezolanos en sus novelas, incluso estando doblados.

No es cierto que necesite estar triste para escribir.
Lo digo porque estoy más feliz que nunca,
y no puedo dejar de hacerlo.

Me sorprendo a menudo sonriendo por detalles que me hacen recordar
su rostro sonriéndome.

Y sin embargo,
todo empieza a ensombrecerse.

Sueño sueños agitados
y despierto sintiendo que no siento nada.

Ella habla de él en frente de la tercera arista del triángulo. Lo lamenta. La tercera arista del triángulo no está triste, intenta hacerla reír y logra hacerle olvidar que ella ya no puede ver y por eso ha dejado al primero. Ella ríe a carcajadas, pero luego llora. La tercera arista del triángulo la abraza y grita yo estoy contigo.

El primero llora.

Nadie lo quiere, ni siquiera el público. Pero ese efecto fue hecho a propósito. Uno espera que ella se quede con la tercera arista de este triángulo.

Ella ya no ve. Sus ojos sólo sirven ahora para llorar.

Y como siempre, yo de madrugada y solo, veo vacas moradas gravitando a mi alrededor.

Y un dolor de cabeza terrible y ganas de vencer el insomnio.

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>Primer Post!

>Como tenía bastante que hacer esta noche y pocas ganas de empezar, decidí hacer otra cosa, y qué mejor que empezar un blog que nadie va a leer. Porque nadie lee los blogs. A lo mejor uno entra y pone un comment y luego dice qué va, volveré a pasar por allí algún día. O no.

Pero el blog me importa poco. Y todo me importa un poquito menos, pero equitativamente.

Hoy estaba pensando en cómo un niño ve el mundo. Cómo? Miraba por la ventanita sucia del microbus que me llevaba a ver si veía a alguno de esos raros ejemplares de adultos en miniatura que son los niños, siempre llevado del brazo por algún grande o corriendo sin preocuparse de a dónde, pero corriendo, porque detenerse o caminar es perder un precioso tiempo y uno no es niño toda la vida, no?

Digo que miraba, pero más que nada sólo veía a muchos niños de la calle, y se me ocurrió bajarme y preguntarles. Hola niño, ven aquí, ven, no te asustes, quiero hacerte unas preguntas, si quieres te compro unos caramelos, te compro toda la bolsa si?, sólo quiero hacerte unas preguntas, dime, niño, cómo ves el mundo? Que quién soy yo? Pues yo soy un escritor, y quiero escribir la historia de un niño como tú. Que cómo me llamo? Soy el Destripador Manso. No te vayas, niño, no te vayas, espera, deja que te cuente mi historia y tú me dices la tuya, si? Si quieres te compro tu bolsa de caramelos, te compro dos, los chocolates también, niño, vuelve.

Nada.

Es difícil encontrar niños para preguntarles. Señora, le importa que entreviste a su hijo? Camina más rápido hijito, no, no señor, camina, te digo.

En qué momento terminamos de perder al niño que llevamos dentro? me senté en la grada de una esquina, acordándome de todos aquellos momentos que pasé siendo niño. Echado en mi cama y leyendo. Jugando y solo. Rompiendo figuritas en los álbumes, pegándolas indistintamente del número. Jugando y solo. Leía los cuentos de hadas de los hermanos Grimm, pero eran adaptaciones, luego cuando fui un niño más grande leí los verdaderos y acababan distinto. Eran más sangrientos. Nada, no recordaba haber conocido otros niños. Quizá en el colegio, ahí habían bastantes niños que no me hablaban, sólo jugaban entre ellos y yo los veía jugar. A veces me lanzaba a las canchas a dar patadas a alguna pelota hasta que algún niño grande me la quitaba y me decía tú no juegas. Pero yo volvía, pateaba otra pelota, hasta que otro niño grande viniera. Nunca entendí esos juegos.

Tenía una piedra en la mano. Recordé antiguos rituales mágicos y busqué la piedra rojiza. Le saqué filo contra el borde de la vereda y luego empecé a dibujar. Si lo dibujo, quizá vendrán. Dibujé un Mundo. O lo que recordaba que era un mundo. Con números grandes y casilleros cuadrados, menos el cien, que era cabezón y redondo. Me volví a sentar en la vereda y esperé a que lleguen los niños, para verlos jugar.

Pero nadie venía.

Pasaron mamás con sus niños pequeños, se me quedaban mirando pero pasaban de largo, como si fuera yo el bicho raro en exhibición y no aquellos ejemplares de adultos en miniatura que no entendía.

Quería pensar como piensa un niño. Sólo quería volver a jugar como juega un niño. Quería recuperar el momento en que pensaba como piensa un niño. Es lo que todos queremos? Volver a ser niños?

Comencé a jugar Mundo solo.

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aout: intoxication

Aout 3.2 intoxication
 
(scratch)
 
"Conocí a Alexandre hace dos años, en una galería de arte. Él había entrado para pasar el rato mientras comenzaba la película en el cine de enfrente, yo porque pasaba por ahí y se me ocurrió. Frente a los cuadros me preguntaba a mí misma muchas cosas, ninguna acerca de la pintura, muchas acerca de mí. En ese instante me sentía como si mi vida no tuviera sentido alguno, qué raro, en cierta forma, me pasa lo mismo ahora, ¿alguna vez se ha sentido así?, como si nada tuviera razón de ser…"
 
Olalla me veía con sus pequeños ojos negros, con la expresión algo triste. Bajó la mirada ahora esperando mi respuesta. Yo desperté para decir apenas, sí, a veces pierdo la dirección. Pero Olalla ya seguía.
 
"Me gustó bastante desde que lo vi, intenté hablarle yo primero, sabe padre? Enseguida estabamos riéndonos de esos abstractos tan absurdos, salimos y nos quedamos en la calle, riéndonos de la cuidad, de quienes pasaban ocupados, en fin, de todo. Me dejó su número y su correo, iba al cine con alguien a ver una película. Desde entonces nos mensajearíamos cada día tonterías y en las noches nos leíamos hasta tarde".
 
 "Hasta que nos volvimos a ver. Nos citamos para cenar un día de esos, ahora que lo pienso, estuvo bastante lacónico, muy diferente a como me escribía en las noches, no lo sé. Pero me seguía gustando. Esa misma noche nos escribimos, algo más tarde de lo usual, me dijo que me quería y yo no cabía en mí de felicidad, me dijo tantas cosas lindas después que no podía soportar la felicidad y de impaciencia me levantaba varias veces para ver mi sonrisa en el espejo.
 
 " Siempre me repito, pero es raro, gracias por escucharme padre, pero hay mucho más que decir, no sé qué esté usted pensando ahora, quizá que soy una idiota por creerme algo así, a veces pienso que sí lo soy, especialmente por lo que pasó después. Pero lo tengo a usted para escucharme, no es verdad, padre? "
 
Para entonces yo ya estaba hipnotizado y perdido por su mirada, sus labios, su voz. Qué más podía yo decir en ese momento?
 
"Sí, hija mía, Dios mediante".
 
 
 
 
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aout, parte 2

Hola niño bueno, me dijiste como si nos hubieramos despedido ayer, usando ese nombre que tanto nos había hecho reír, ese nombre que me describía tan bien, tan parecido a un idiota de una novela que leímos, luego lo descubrimos, casi simultáneamente sin conocernos.
 
Levanté la mirada y te vi aparecer, sí, igual que siempre, con el pelo ondeado y rojizo y las pecas, la sonrisa a medias, las ojeras, toda tú de nuevo frente a mí en ese pequeño y pobre restorancito en que me refugiaba del frío y de la gente.
 
-Por Dios, eres tú- respondí un poco atropelladamente. Deseaba tanto que fueras tú.
– Ya te convenciste que fue tu peor error terminar conmigo?- me dijo mientras se acomodaba en el asiento frente a mí. Nos cogimos la mano como antes y reímos.
– No es por eso que he vuelto. La verdad necesitaba conversar con alguien, necesitaba que me escuches tú por lo menos, Tere. Te he extrañado como no tienes idea, y tú sabes que por más solitario e independiente que sea, odio vivir solo, y la idea de no tener nadie a quién contarle de mí y mis cosas me desespera.
 
Ella me miraba, contenta, pero también con algo contenido, como si hubiera querido contarme algo a su vez, pero esperando, como siempre esperaba, a que fuera su turno, turno que en el fondo sabía que no le daría, porque yo de escuchar no era muy bueno, egoísta de mí aunque sincero siempre.
 
– No sé como empezar, sé que no nos hemos visto en años. Salgamos de aquí.
 
Nos tomamos del brazo al salir y tomé el primer taxi que pasó por la avenida. En el camino hablábamos animadamente de la vida y del trabajo, reía  de mis apuntes, como siempre y yo apretaba su manita blanca entre las mías, por debajo de la línea visual del espejo retrovisor del taxista, sintiéndome cómplice de alguna fechoría.
 
Llegamos a mi apartamento cuando empezaba a oscurecer. La senté en la sala y le serví una copa, llamé al delivery y les dije que se demoraran una hora al menos. Me senté en el baúl de centro de mesa, frente a ella y la tomé de las manos, mirándola.
 
-Entonces, quién es ella?- me fusiló. Con esa sonrisa de convencimiento que siempre ponía cuando sabía que me iba a sorprender, me repitió, quien es ella?, te conozco mejor que nadie, tiene nombre?
 
En verdad me conocía mejor que nadie, siempre me había entendido mejor que nadie, por eso había imaginado que la amaba en la adolescencia y lo hice años después. Si había vuelto y querido saber de ella era porque alguien más había llegado a mi vida para romperla, para traer nuevas opciones, romperla, poner todo patas arriba y hacerme dudar de mí. Por eso necesitaba de alguien que me conociera como ella, de una especialista en mí, de alguien que me dijera qué hacer, qué no hacer, porque yo no lo sabía.
 
Olalla. Se llama Olalla- le dije.
Soltó una risita. Debería sentirme celosa, siempre creí que volverías por mí- se volvió a reir divertida.
 
Lo iba a hacer el día de tu boda- confesé. Pero pensé que me vería demasiado cursi, no crees? Muy novelesco, muy tonto.
Cómo te enteraste? Si fue una ceremonia recontra privada. En parte por ti la hice privada, te conozco y sabía que en el fondo ibas a querer impedir que me case. Rió nuevamente. Pero parece que no lo hiciste, qué te detuvo?
 
Mi madre me llamó apenas se enteró, me dijo sabes, Tere se nos casa, yo le cambié de tema. Llamé a algunos amigos en Lima y me enteré de la fecha. Llamé a la agencia en Madrid y compré mi boleto para llegar ese mismo día, calculaba un retraso de cinco horas y el taxi hora y media hasta la iglesia. En serio, tenía todo listo.
 
Entonces qué, me dijo seria esta vez, qué te detuvo?
 
Olalla. Conocí a Olalla en la sacristía de la iglesia, el mismo día en que tú te casabas. Pedía confesión urgente, porque ya no soportaba los celos y quería matar a la novia. Cuando entré y me vio vestido de negro, con mi maleta de mano y el deje español que no se me iría sino horas después me tomó por un cura y se abrazó a mi pecho llorando.
 
Padre perdóneme, ayúdemee, confiéseme, soy una criminal, y para colmo una ridícula, me dijo, mojando mi hombro. La calmé y le dije que qué sucedía, me dijo que quería matarte, que no soportaba los celos de que tú te casaras con su ex-novio. Salimos a caminar, quería escucharla, sí, cosa rara en mí quería escuchar lo que tenía que decirme por extraño que parezca, quizá porque cada cosa que dijera tendría que ver un poco contigo, me acercaría a ti, y a ese tipo con el que te casabas y al que odiaba ya doblemente…
 
Y Olalla entre sollozos me contó su historia.
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Nueve

 
Las cosas son tan simples. Me dijiste que no volveríamos a vernos, yo te dije que perfecto, que todo quedaría así, que estaba bien. No pude evitar una sonrisa a medio rostro, giré sobre mí mismo, le dí la espalda y me fui sin voltear una sola vez.
 
Así se grabó ese día en mi memoria y cada vez que quería recordarlo me veía así, caminando, a veces por otras calles, que nada tenían que ver con aquellas últimas cuadras de la avenida B., quizá mezclaba historias en mi cabeza, no ha pasado tanto tiempo, pero quizá esté recordando todo en un matiz diferente al real.
 
En un sueño te odiaba al irme caminando, en el otro lloraba y ocultaba mis lágrimas con el dorso de mi mano que se sentía fría al tocar mi nariz húmeda. A veces, sólo a veces, veía que en verdad había sonreído. Porque fue un alivio dejarte, me deshice de ti en el mejor momento, eso pensé. En el instante en que ido el amor sólo quedaba espacio para la compasión, y luego el odio. Por eso sonreía.
 
Por eso es que volteé, por pena. A veces intentaba recordar que había caminado diez pasos sin voltear y luego había desaparecido en la multitud. Pero en mi sueño de ayer había volteado, te había visto a cinco pasos de mí y te había dicho olvidemos todo, te prometí que estaría contigo hasta el final y lo haré. Sabía que dirías eso, me abrazas. Y despierto.
 
Esa fue otra razón más para volver a buscarte, quiero saber qué fue lo que pasó en realidad. Ya no puedo confiar más en mi memoria, ni en mis sueños. Por eso volví, sí, y todo esto me llevó aquí.
 
No, no, arrugo lo hoja de papel y la tiro lejos. Escribo en una letra que tú reconocerías como mía: Vine a verte y no te encontré. Llámame y dejé mi número.
 
Escucho canciones con las luces apagadas, apenas un hilo de luz que se va apagando entra por la ventana del hotel.  Y el teléfono que no suena, habrás cambiado de dirección?
 
Maybe I’ll never know.
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aout

 
Me sorprendí deseando a las doce de la noche que no fuera agosto.
 
Más que nada porque recordé que faltaban 2 días para el 3 de agosto.
 
Ese día, el día que te comencé a perder, pensé, hace ya cuatro años. Cuatro largos años y aún celebro esa fecha, una copa en la mano, un cigarrillo en la otra, las piernas cruzadas y la mirada perdida en algún lugar de la vieja ciudad que aun lleva nuestras siluetas impresas.
 
Me puse a recordar por el gusto de hacerlo, pero entre las paredes de mi cuarto no podía recordar tu rostro, tu manera de caminar, tu pelo al viento ni tus ojeras, tu sonrisa que no es sonrisa, tus pestañas, nada, no lograba recordar aquella mágica combinación que pudiera llamar por tu nombre.
 
Salí a caminar en invierno. Y seguí el camino que caminábamos juntos. Todo empezó por quise saber de ti nuevamente, decidí escribirte un mensaje a tu antiguo correo. Me rebotó. Así que ese día ya que estaba recogiendo nuestros pasos juntos, decidí llegar hasta tu casa.
 
Toqué despacio primero, luego más fuerte. Salió una anciana, le pregunté por ti. Me dijio mira a tu alrededor, muchacho, ves las casas cayéndose a pedazos?, todos se van, sólo los ancianos llegan. Aquella que buscas probablemente ya se fue también. No me dijo nada más, me miró y cerró la puerta lentamente.
 
Así que había vuelto a buscarte y empezaba de cero nuevamente. Deseé que todo fuera como en las películas, deseé que los cafés en las calles tuvieran vitrinas hacia calles hermosas y transitadas y que por todas ellas pasaras tú hermosa caminando relajada y sin mirarme a mí que me doy cuenta que pasas a mi lado.
 
Pero eso no iba a pasar.
 
Porque ya era casi 2 de agosto y caminaba solo a casa, porque nunca quise sacar el carro, porque pensaba que eso me ponía en una burbuja de vidrio de nuevo, aquella burbuja que fue el inicio de nuestro fin. Hace tres años, no, cuatro, que no te veía y seguía acordándome de ese baile y el día en que rompimos.
 
El tres es mi santo, lo sabes? Y nunca he tenido un novio que me dure más allá de ese día. Yo lo intenté, te lo juro, intenté sentir lo mismo, pero no era así, no había nadie más, te lo juro, esa fue tan sólo una excusa para no decirte que ya no quería estar más contigo luego de tu cumpleaños.
 
Pero te seguía queriendo igual.
 
Pero no podíamos seguir juntos.
 
Y todo me lleva a aquí, esperando que pases cerca del mostrador de este cafecito en un zótano, que no tiene vitrina a la calle, ni la calle es muy transitada, pero que es lo suficientemente oscuro y cálido como para sentirme bien en recordarte aquí, en esta mi pequeña cueva.
 
Y te encontré.
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No, no es lo mismo

O quizá sí.
Por esperar demasiado y mirar las estrellas pasar ante tus ojos perdiste un instante que hubieras querido recordar después.
 
La lluvia me hace caminar más lentamente por las calles resbaladizas de Lima esta noche. Sólo quería llegar a casa a retozar en mi sillón, leer un poco el periódico y esperar tu llamada. No llegaría hasta medianoche. Me dices que no te sientes  bien otra vez, como si fuera gran novedad, yo intento hacerte reír, te cuento historias del pasado contigo, momentos felices que pasamos y nos hizo sentir ese gran vacío que se siente en el estómago y que a veces lo relacionamos con el amor. Nos despedimos con un beso, como siempre y me quieres demasiado cuando te digo que adoro ese acento tan gracioso a mi oído.
 
No decimos más por unos segundos, siento que estás sonriendo del otro lado de la línea, pero a cada segundo se esparce tu sonrisa en la distancia, se diluye entre los meridianos que tanto odio. Pero no sé que decirte, y espero unos segundos a que tú me digas algo, miro al cielo raso y cierro los ojos para imaginarte. Ya te dejo, tengo otra llamada, me llamas más tarde? Sí, sí, está bien, respondo sin abrir aun los ojos. Me despido otra vez, me dices chao, cuelgas y yo espero aun escuchar tu voz.
 
Cuelgo.
No era así como pensé que sería todo.
Caliento mi cena fría, la como con calma, pensando en otra cosa.
 
Nunca volveríamos a estar juntos, pero seguiríamos escuchando nuestras voces, aun a los años, sin decirnos nada de nuestras vidas.
Excepto lo que queríamos que el otro escuchara.
Hasta que desapareciste, por eso volví. Dejé todo y vine a buscarte.
 
 
Todo es tan diferente
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Last one

Le dernier poème

J’ai rêvé tellement fort de toi,
J’ai tellement marché, tellement parlé,
Tellement aimé ton ombre,
Qu’il ne me reste plus rien de toi,
Il me reste d’être l’ombre parmi les ombres
D’être cent fois plus ombre que l’ombre
D’être l’ombre qui viendra et reviendra
dans ta vie ensoleillée.

Robert Desnos
Domaine public, 1953

 
 
ULTIMO POEMA
 
Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.
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Zomg

Me dicen que sólo los borrachos y los niños dicen realmente la verdad siempre. Pues bien, y qué me dicen de los niños borrachos?
 
Aprovecho momentos en que flaquean todas mis defensas, todos mis razonamientos para cuestionarme y todo todo para decir lo que quiero decir, para decir la verdad, para decir que odio al mundo y con ganas pero lo amo precisamente por eso mismo. El mundo es una basura y eso lo hace divertido. Uno se pasa la vida farmeando alrededor de alguien, gravitando alrededor de una persona a quien amas y para qué, para notar antes de morir que nada ha valido la pena.
 
Desilusión. Como Flanders antes de morir "Dios mío, le ladré al árbol equivocado"
 
Es simplemente nada, y retornamos a ella.
 
Qué optimista que estoy, me sorprendo, metafísico estais… no es así? Mi país se va al jaraco, mi mundo se va en deriva, mi vida se cae en pedacitos de papel… pero me río de todo, sonrío.
 
Because I love you
And nothing else matters (sorry metallica)
 
Pero sólo vivo por una razón, y para colmo, no es una razón verdadera.
Vivo viviendo una mentira
que adormece mis sentimientos
y consuela mi razón
 
Porque no entiendo nada nunca nada pero sigo viviendo
Y odiando
Y amando al mismo tiempo pero disfrazando mis palabras
Para decir
 
Words that I neednt say
Cause you love me
But I… already….
 
I hate you, sweetums
I really do =)