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>Spreading disease like a dog

>Y esta vez me arriesgaré. Escribiré en esta basura de editor que me integra blogspot, más que nada porque no quiero comenzar a escribir en word y cortar y pegar. Más que nada porque no quiero cambiar de ventana, la flojera de apretar el alt y el tab.

Cada vez estamos más intrascendentes.

Cada vez me aburro más de las insufribles pequeñeces que pueblan los días en la universidad. Los cursos se han vuelto repetitivos y hasta dispensables, cada vez más parecidos a esa camisa que nos queda ya chiquita el último día que fuimos al colegio.

Alguna vez conté de mi manía de coleccionar lápices y portaminas? Alguna vez conté de mi manía de no comenzar los signos de interrogación? A lo que iba era a que se me ha perdido uno de los portaminas más bonitos (e interesantes, para usar terminología especializada) que había encontrado. Ofrezco recompensa. No es broma, si alguien, de los muchos millones de internautas que no me están leyendo en este momento, si alguien se cruza con un portaminas negro de marca MonAmi y de 0.7 mm avíseme. Y justo luego de que me fuera a comprar cargas 0.7 porque todas las que tenía eran 0.5 y ahora me encuentro con 3 cajitas de minas 0.7 y sin portaminas al que les entren.

Y a los que busquen una moraleja en esto…

En todo caso, lo dejo ahí, no sería tan mala idea abrir un blog solo para escribir estupideces o gritar fuck en varias líneas, pero entonces, para qué sería este?

salto vacío

>Salto al vacío

>Contando cinco minutos para la medianoche, comienzo a escribir por acá otra vez, en un intento más de coger el ordenador (tomar el ordenador, asir el ordenador… bleh, creo que es imposible desapegar el discurso de estos malos deseos) qué ordenador, ya me cansé, chapo mi compu y a escribir y no me corrijas maldito word del mal por qué caraxo no me vas a dejar escribir como me venga en gana!, ve y subráyate a la…

Comienzo de nuevo.

Hoy vuelvo a escribir en la compu, corrijo, odio el word para escribir, no habrá otro procesador menos molesto a la hora de escribir? Estoy seriamente considerando algún software de open source, cómo se llamaba ese programita ese que vi el otro día y que me bajé y lo tengo allí apilado en algún oscuro rincón al fondo de mi carpeta de downloads? True algo, ese que no era tipo what you see is what you get sino era un olvídate de todo y mándate a escribir nomás. Lo digo porque comencé a escribir en word porque no me abría rápido el link de blogger, como si fuera a usar el editor incluido, creo que venía un editor pero no lo usaría por eso de que luego hago clic en guardar y me manda a error, pongo botón de regresar y muy triunfante me muestra la página en blanco. Y eso que ya me había cambiado a Mozilla (alias Morcilla) y que me gusta bastante aunque se me demore en cargar imágenes sencillotas.

Como decía antes del ataque verborreico. Comienzo de nuevo a escribir palabr(otas).

A veces me parece que los adjetivos son más que nada enemigos de toda oración simple. Siempre están que se cruzan por todos lados intentando asir los objetos, pero si nunca lo van a lograr, dénse por vencidos de una maldita vez.

En fin, como decía, cogí la compu para venir a hablar de algo muy puntual. Se viene diablo III. No, en serio, venía para hablar de algo (a menos que hayan visto ya el trailer del diablo III, el trailer malísimo me pareció, en comparación con lo visto en los dos diablos anteriores y digamos que en Blizzard ya no confío mucho, después de la gran cagada inflada en que convirtió al WOW que ya anda en su tercer año o quizá cuarto si ando contando mal los años.

Y ya no quiero hablar de nada.

Iba a hablar de mi mouse que lo veo viejito. Pero que más da.

Cierro y a dormir. Nada que decir, nada que dibujar.

Y la compu se empolva.

muuuu

>Hasta las noches giran

>Que cursi.

Pero siempre me he estado sintiendo cursi, debe ser que últimamente no me dan tantas ganas de andar todo triste y rebotando por las paredes y techos, pero no sé, se siente raro, no? Se siente raro volver a escribir, como se siente raro volver a respirar luego de aguantar la respiración en el mar, así, con los ojos cerrados porque la sal en los ojos me los irrita y por eso prefiero la piscina a veces, aunque flote menos y me canse más de pedalear con las manos a puro chapoteo perfecto de hombre-pato.

Que difícil es regresar a los antiguos hábitos perdidos, es difícil volver a coger el lapicero y darle vueltas a los garabatos o seguir las líneas del portaminas, como la otra vez que revolví a sacarle punta al lápiz antiguo del 98 que guardaba desde que pensaba en tantas otras noches pasadas en vela y en vela. Y con el lápiz y el portaminas en mano y el borrador y el borradorete en mano y el papel en la otra, todo listo para garabatear el mundo en blanco y nada. Nada, mi mente en blanco y entonces viene y viene y vienen los recuerdos del verano, del fin de las clases y todo el tiempo, del trabajo, de las otras clases, de las conversaciones y de la huida de todo lo que ya no aguanto más tiempo. Escapando, siempre, pero sintiéndome feliz, como si este fuera el verdadero camino y luego me da la impresión de que el anterior no era el camino y que ya es hora de que te vuelvas así todo gente normalita y tengas una vida propia.

Pero no es así, no?

Intentas ser un camaleón

Intentas mimetizarte

Como cuando te vistes de formal para una exposición o una entrevista y de pronto te das cuenta que en sentido contrario vienen todos vestidos como tú estás vestido ahora, con sus corbatas ahorcándoles el sentido y los maletines con el almuerzo, el grillete.

Y te sientes uno más de ellos, y te ríes porque ellos piensan que tú eres uno más. Y te balan y mueven las colas a tu paso.

Saludas al puente que pasa por encima de una vía expresa clausurada. Te imaginas cayendo, en espiral, como una sombra. Caminas por el lado que da a la reja y a la pista para escapar del vértigo que sabes que algún día te hará lanzarte, del mismo modo que evitas nadar hasta la boya que está allá a lo lejos, un poco antes de llegar a los barcos y a las motonetas de agua, porque sabes que un día te dejarás llevar por la corriente hacia esa isla misteriosa en donde no sea necesario dejarse ahorcar por aquella serpiente ni llevar el grillete y balar.

Sin embargo, te dejas asimilar una vez más por las paredes anaranjadas y vas a contarles historias a los niños que quieren saber las extrañas combinaciones de sonidos que equivalen a otras distintas porciones de sonidos.

Si tan solo las vacas mugieran todas ellas en un mismo idioma.

Friyo bosadas

>Tengo friyo

>A principios de semana salí a caminar por el Olivar con mi enamorada como todos los días de semana que encontramos un hueco en el horario y se nos ocurrió entrar a la biblioteca. Hacía tiempo que no entraba, así que fuimos y nos inscribimos y nos fuimos a mirar los libros. Estuvimos hojeando y hojeando un librote enorme con fotografías de la luna.

Busca a la coneja, me dijo ella, yo buscaba entre las imágenes de las manchas lunares a la coneja. Me acordé de lo que habíamos estado hablando la semana pasada. ¿Qué relación tenía la coneja con la luna? Y no sé como terminamos en una página en inglés que yo le iba traduciendo por el messenger.

Al parecer, muchas culturas relacionan a los conejos con la luna. Una leyenda china, según lo que recuerdo, decía que un dios había bajado a la tierra, se disfrazó de viejito y se quejó de hambre. El mono, el zorro y el conejo se dieron cuenta y corrieron a buscarle comida. Al poco rato regresó el zorro trayéndole algo que había cazado, después llegó el mono y le presentó frutas que había cogido, y el conejo volvió con las manos vacías. «La gente intenta atraparme siempre que me ve, y los niños me persiguen porque soy muy débil» decía el conejo. «Pero prendan una fogata» les dice al zorro y al mono, «para cuando vuelva traeré comida». Los dos animales se quejan de que aparte de que no trae nada el conejo, les ordena prender el fuego, pero cuando ya está lista la lumbre, viene el conejo y le dice al anciano: «Yo no puedo cazar ni robar comida, pero puedes servirte de mí pues tienes hambre». Y el conejo se echa a la hoguera. El dios se compadece del conejo y eleva su cuerpo y lo lleva a la luna, donde todos pueden verlo.

¿Donde está la coneja, dónde está la coneja? me decía. Yo miraba y miraba, como cuando miramos las nubes y les ponemos formas, sí esa tiene forma de dragón… y esa? Esa tiene forma de… oveja?

Me parece recordar que ese artículo también hablaba del conejo de pascua. (Easter Rabbit? ) y se afanaba con una explicación de que Easter proviene de Oestre, que es la diosa de la fertilidad y que está representada por una coneja y que tiene su palacio en la luna.

Cuando salimos de la biblioteca hacía mucho frío, tanto que tuve que ponerme mi casaca y lamenté no haber traido una chalina. Cuando la dejé porqué tenía que ir a su clase, me acordé que tenía que chequear los cursos en la alianza francesa.

Entré a pedagogía y le pregunté a la secrearia si me podían saltear un ciclo porque no me cuadraba ningún horario y me dijeron que no podían. Pero eso sí, vino otra señorita, hay un petitorio de varios alumnos para que abran justo el horario que buscas. Que cuántos alumnos han pedido? Firmaron cuatro, tú serías el quinto. Pero faltan, deben ser al menos 7, me dijo. La maldije un poco mentalmente mientras firmaba y dejaba mi número.

Volví a casa y me moría de frío.

Necesito otro café.

En la mañana escuché que este iba a ser el invierno más frío de los últimos 25 años. Todavía me acuerdo ese año en que el clima se pasó de payaso y no hubo invierno. El fenómeno del Niño dijeon, yo me pasé en manguita corta todo el año. Tiempos aquellos! Tengo friyo!

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>Aburrimiento instantáneo

>Me estoy desilusionando de los sitcoms y, a veces, hasta de los simpsons.

Demos un paso adelante!
Apaguen el sonido y verán que sin las risas que acompañan, los gags no dan risa!

Y pensar que Seinfeld era mi ídolo, en fin, me da la impresión de que me van a gustar más aquellas series que no se toman tan en serio a sí mismas (Scrubs, Gilmore girls en sus primeras temporadas, Grey’s anatomy). Comparemos ahora con series nuevas de molde antiguo (The new adventures of old Christine, Two and a half men ).

Quiten las risas de fondo y voila!

No, no me da risa.

No, en serio, sí me da risa, pero es por mi tendencia a reírme de todo. Pónganme a Jim Carrey en un drama y me río.

Soy el perfecto sujeto objetivo de las comedias e incluso de la publicidad en general. Lo admito. Pero intento reformarme.

Odio la tele, pero a veces me da ganas de escuchar voces sin tener que responderle a nadie, como un impulso anti-aburrimiento. Eso es el ver tele al final de cuentas, un ejercicio de morbo, una ventana abierta a la vida de personajes ficticios y estúpidos, en la mayoría de los casos. El chiste es que nadie ve del otro lado de la ventana y uno se siente cómplice.

Todos somos unos cochinos voyeurs.

bosadas

>bla ble bli

>Me canso de mirar aparatos electrónicos a mi alrededor.

Habré llegado a volverme dependiente? No, pero sí, cada vez me pongo más muletillas que adoro y luego ya no puedo vivir sin ellas.

Recibí una llamada hace poco, era un viejo amigo. Por qué pongo hace poco si fue hace ya un par de meses? A veces parece que los meses se pasan tan rápido, tanto que un día vuelvo a ver mi armario y me doy cuenta que mi calendario de esos que tienes que darle la vuelta a la hoja para cambiar de mes, está aun en el mes anterior, e incluso, algunas veces está en el mes anterior al anterior.

Decía que había recibido una llamada, que sí que tal, a los años, era un viejo amigo de la academia a quien no veía hace ya unos (pausa para contarme los dedos) cuatro años, que sí, cómo te va, bien ah ya, yo con laconismo invento excusas para decir que me sí que ya tengo que irme.

Creo que no es de muy buena educación cortar la llamada cuando uno es el que la recibe, hay reglas de etiqueta para eso? Nah, últimamente se me da bastante poco el seguir la etiqueta. Sigo el segundo impulso. El primero me dice que mande todo al… tacho, por no usar palabrotas, que ni mis dedos están acostumbrados a escribirlas, ni mis ojos a leerlas. El segundo es más inteligente, creo. Quizá debería contar hasta 10 para ver si se me ocurre otra idea. Pero no, a veces soy muy impulsivo, quizá debería poner que generalmente, porque sí, siempre hago lo que a fin de cuentas quiero.

Estoy leyendo un libro de cuentos que no me gusta. Cómo hacer una reseña de un libro que no me gusta? Destruirla con adjetivos irónicos? No lo sé, pero pero pero no me gusta!

Se llama Historia de Verdugos, y haré una reseña este fin de semana o quizá a mediados de semana. Es de un escritor ya no tan joven y con algunos premiecitos a cuestas ya en novela, mas no en cuento. Quien me diría lo que encontraría, una erudición considerable, bastantes datos en los cuentos así interesantes, pero nada más. Las historias se caen. Los cuentos no cierran. Tampoco se quedan abiertos. No le encuentro sorpresa. Menos previsionalidad, quiero decir que parecen haber sido escritos y luego revisados y arreglados pero no con la pericia de un narrador, sino con otro tipo de pericia, con la pericia de quien quiere transmitir una idea usando algunos elementos amenos, pero tampoco irse del todo por el entretenimiento. Al final resulta esto un poco disforzado, cómo decirlo? Tomemos el cuento de la vampira insinuada. Me encantó el principio, Viena, la descripción de la ciudad a pincelazos y a bruma, excelente la insinuación de su atmósfera casi limeña, y ahí, la vampira insinuada. Pero luego luego, van viniendo esas peripecias que no les encuentro mucha razón de ser, los detallitos que después no me conducen a un desenlace, lo que deja todo en mera anécdota. Ni siquiera dejan un final inesperado: desde más o menos las primeras líneas se dice que el narrador ya está muerto. Promete mucho pero a fin de cuentas resulta en poco. Muy logrado paisajista, ambientador, eso sí, me gustan las referencias y todo eso, la apariencia de realidad y fantasía, de siglo XIXesco en todo esto; sin embargo, estos personajes me parecen muy poco verosímiles. Parece como si el autor hubiera encontrado la forma de sacar personajes de otros cuentos, como si fueran actores insatisfechos con la obra. Esos escenarios y esos personajes se merecían mejores acciones.

Termino mi parentesisote, vuelvo a escribir un poco, entre leídas de un texto para un examen del sábado. Como decía antes y muy quizá barrocamente dejaré en el aire (yo también prometo mucho y nunca resuelvo nada, pero eso es más atribuible a mi ociosidad para scrollupear el documento). Acá termino, a seguir nomás.

Interlude

Tiempo aparte

 
Casi como al caer del tiempo, vuelvo a escribir un poco y quizá lentamente. Un salir de las burbujas que he creado por este instante, para servirte a ti y a meterte a mi burbuja también, pero tú no quieres estar en una burbuja y entonces yo tuve que salir de la vida y me estoy asfixiando porque aun no aprendo a respirar ni a caminar sin ayuda, pero te tengo a ti y tú me ayudas, a veces demasiado, porque sin mi burbuja siento como si no fuera a rebotar al caer de este mundo que me absorbe poco a poco y quiere ponerme corbatas y trajes de colores  grises como el cielo una vez que me levanto y miro hacia arriba y quiero estar mirándolo todo el día y luego llegas y me tratas como si fuera a caerme a cada paso que doy y entonces yo comienzo a amar tus ojos y las delineadas pestañas que te pusiste hoy y tu pelo y tu nariz y tus orejas que muerdo cuando sale el sol y te ilumina el rostro pienso que estás bellísima así y así y entonces te vas y cuando ya te has ido es todo otra vez así como si nunca hubiera salido el sol en toda la vida y las canciones tristes comienzan a agonizar y a seguir intentando destruirse unas a otras, pues nadie las entiende, a las canciones, hasta que comienzan a repetírseles las letras de esas canciones en la vida.
 
Cada día es como un ocaso de ideas marchitas, las hojas del cielo van cayendo y las pisamos y crujen una y una y una y otra vez, cuando las pisamos como cucarachas desprendidas del cielo.
 
El mundo no llora por las pérdidas que no siente.
 
Ni se da cuenta.
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>Mi café y las putas polillas!

>Estaba en mi sala, tomándome poco a poco el mejor café que he tomado en mi vida cuando del cielo (o de la araña en el cielo raso) cayó poco a poco -y más bien tirándose un clavado en cámara lenta hacia mi taza- una polilla.

Una puta polilla.

Y para colmo, aun me quedaban dos tercios de mi taza de café. Y la puta polilla cayó de espaldas, justo en medio de la taza y de espaldas. Un clavado de espaldas en medio de la taza y yo no lo pude evitar. Antes de que cayera intenté darle con el borrador de mi portaminas, porque caía en cámara lenta y en círculos concéntricos cada vez más pequeños, y yo la ahuyentaba con el extremo de mi borrador. Hasta que cayó. Y cayó de espaldas, y empezó a aletear la maldita en mi mejor café que nunca más probaré, empezó a aletear y a perder esos trocitos multicolores de que están hechas sus alas. Malditas polillas, para qué sirven, ni siquiera son bonitas como las mariposas, ni siquiera. Es más, sus hijas se comen la ropa, los libros y ésta, se tomó mi café.

Ah y si no me creen que era el café más rico que había probado en mi puta vida, digo, en mi vida, pues ahí va como llegó a mí el café.

Mi bisabuela tenía tierras en Monsón, un lugar así todo selvático que ahora en vez de café debe producir plantas con adicciones menos decentemente vistas. En fin, mis bisabuelos eran dueños de un montón de tierras por ahí en los años 20 o 30 o sea, antes de que los terrucos decidieran plantarse allí. La cosa es que la familia, a pesar de que se desperdigó por todo el Perú a medida que pasaban los años, mantuvo también alguna que otra comunicación con amigos que vivían ahí. Hace unos meses, o quizá el año pasado, mi tía Elvira, de esas tías que uno está seguro que le dice tía para no desentrincar la maraña de años de parentesco que nos une, y que seguramente terminará con el absurdo de tener que decirle sobrina a una señora que ya va llegando a los sesenta; como decía, mi tía Elvira, un día que vino, le regaló a mi mamá una bolsa con café de Monsón, era grano, un regalo, de las tierras de hace tiempo, de las que dan. Mi mamá le agradeció, cogió la bolsa negra y la guardó en el fondo de una repisa alta de la alacena de la cocina.

Hoy día, en la tarde, a eso de las cinco y media, me doy cuenta de lo oscurecido que estaba el día, ahí, sentado en un sofá de mi sala y leyendo un libro de Garcilaso que ya vi que no voy a acabar para mañana. Y me digo, aquí falta algo. Necesito un café. Mi mamá pasaba hacia su cuarto y le digo, tenemos café? Me dice sí, claro, tenemos algo de café molido. Ya chévere, me haré una taza o algo. Me voy a la cocina, mi mamá me sigue.

Busco la cafetera y me pongo a preparar. La taza en la maquinota, el fino polvo en la cesta, a ver que pase. En eso mi mamá se acuerda de la bolsita negra esa. La busca en la alacena, la saca y me enseña los granos que yo en la vida había visto. Y me pregunta, sabes tostar café? Yo la miro con una cara de me estás hablando de recetas mágicas a mí? Siempre me ha parecido que todo lo que tenga que ver con recetas de cocina tiene algo así de juegos de alquimia que lo hace parecer misterioso. Frente a mí, coge la olla en que hacemos canchita, y pone un puñado de ese grano de café ahí. Lo tuesta poco a poco, hasta que empiezan a crepitar un poco los granos, y a volverse cada vez más oscuros.

Yo la veía, mover los granos con el cucharón y cuidarlo y vigilar el fuego. Llegado un momento le puso dos pedazos de cáscara de naranja encima y siguió moviendo. Mientras tanto, mi café terminaba de pasarse y me servía una taza de un café marrón oscuro que me fui a tomar a la sala, dejando que mi mamá siguiera con su receta mágica. Cogí mi libro y demoré en saborear la taza de café que no me supo tan mal. Cuando volví a la cocina a dejar mi taza vacía, la encontré con una segunda carga de granos oscuros en la olla. La primera carga ya la había vaciado y ahora la empezó a licuar, sí, en la licuadora. Cuando salió, no salió muy fino, como aquel polvillo que yo usé para mi café.

Me dijo ahora pon estos en la cafetera.

Empecé a pasar el café con esos granos licuados y lo vi gotear poco a poco. Me serví una taza.

Este tiene que ser el café más rico que he tomado en mi vida!

Era marrón, pero con un toque rojizo, no mucho, pero sí lo suficiente para darle vida. Era amargo, a pesar del mucho azúcar que le puse, porque no me gusta el café solo. Ese aroma incluso el aroma era distinto, me empezaba a resultar imposible llamar café a todas aquellas esencias que había bebido antes.

Dejé de quemarme la lengua con este café, porque estaba demasiado caliente y yo nunca puedo tomar nada que queme. Lo llevé con cuidado a la sala para que repose un rato, lo puse en la mesita del centro y me tumbé al sillón a leer.

Leí unas líneas y tomé un sorbo. Delicioso.

Leí otras más y otro sorbo, ya casi está tibio.

Leí un poco más y lo miro, una polilla se está desprendiendo del techo.

Y me malogró el café.

Ojalá haya sufrido al ahogarse.

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>Y veo vacas moradas

>Veo una novela coreana a la una y media de la mañana todos los días en que no tengo que despertar temprano al día siguiente. Ella es hermosa y lo quiere pero está enferma. Él es un idiota pero la quiere y no sabe. Ella llora. El otro se va. La tercera arista del triángulo la abraza y le dice que estará con ella siempre y que no llore. Recoge el gorro que cayó de su cabeza mientras se escucha en el fondo esa patética canción y ella llora y ella grita que vuelva. La tercera arista del triángulo, que me cae mejor que el primero, se queda mirándola llorar.

No puedo identificarme con una novela llorona en este instante, por eso viene parte del placer de verla, porque me da ganas de reírme de la desventura de unos coreanos de marfil que actúan mejor que los mejicanos y venezolanos en sus novelas, incluso estando doblados.

No es cierto que necesite estar triste para escribir.
Lo digo porque estoy más feliz que nunca,
y no puedo dejar de hacerlo.

Me sorprendo a menudo sonriendo por detalles que me hacen recordar
su rostro sonriéndome.

Y sin embargo,
todo empieza a ensombrecerse.

Sueño sueños agitados
y despierto sintiendo que no siento nada.

Ella habla de él en frente de la tercera arista del triángulo. Lo lamenta. La tercera arista del triángulo no está triste, intenta hacerla reír y logra hacerle olvidar que ella ya no puede ver y por eso ha dejado al primero. Ella ríe a carcajadas, pero luego llora. La tercera arista del triángulo la abraza y grita yo estoy contigo.

El primero llora.

Nadie lo quiere, ni siquiera el público. Pero ese efecto fue hecho a propósito. Uno espera que ella se quede con la tercera arista de este triángulo.

Ella ya no ve. Sus ojos sólo sirven ahora para llorar.

Y como siempre, yo de madrugada y solo, veo vacas moradas gravitando a mi alrededor.

Y un dolor de cabeza terrible y ganas de vencer el insomnio.